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INFORMACIÓN Y CONSEJOS

MÁS IGUALES QUE DIFERENTES:

Breve explicación sobre las semejanzas entre el sistema emocional humano y el de los perros

 

Para la alimentación: el sistema digestivo; para la respiración: el sistema respiratorio; para la reproducción: el sistema reproductivo. ¿Para emocionarnos? ¡El sistema límbico!

Hoy en día a nadie se le ocurriría pensar que podemos respirar sin pulmones o hacer la digestión sin estómago. Sin embargo, pensamos que las emociones son estados subjetivos sin base biológica, y nada más lejos de la realidad. Las emociones son el motor de nuestras vidas. Somos emociones en todos los momentos del día y todos los días de nuestras vidas. Estamos vivos porque tenemos emociones. Algo tan importante para la adaptación al medio y la supervivencia no se le podía haber escapado a la naturaleza de codificar en nuestros perfectos organismos.

 

En los seres humanos, la emoción surge de una interpretación cognitiva de una situación, que dispara una actividad fisiológica en nuestro cuerpo. Esta actividad fisiológica surge y recorre estructuras englobadas en el llamado sistema límbico. Este, es el principal responsable de nuestra vida emocional.

Pero… ¿acaso somos los únicos con vida emocional? Como dice Patiño, la genética y las ciencias morfológicas han demostrado que existe una continuidad filogenética entre todas las especies de vertebrados, incluyendo la nuestra. Esto es, que dentro de los vertebrados existe una persistencia de ciertas estructuras a lo largo de las especies. Así que, existen similitudes funcionales entre nuestros órganos y los del resto de los animales del subphylum vertebrata, al que pertenecemos.


De acuerdo a la teoría del cerebro triúnico de Paul MacLean en 1949, el cerebro humano está conformado por tres estructuras diferentes: el sistema neocortical, el sistema límbico, y el sistema reptiliano. Los “tres cerebros” están interconectados a nivel neuronal y bioquímico y cada uno controla distintas funciones de nuestro cuerpo.

 

Si tenemos las mismas estructuras encargadas de la vida emocional, ¿por qué empeñarnos en pensar que somos los únicos capaces de tener emociones? El sentido común y la ciencia nos aboca a pensar que los vertebrados no humanos, como los perros, también pueden sentir alegría, tristeza, miedo, sorpresa y enfado, las conocidas como emociones básicas.

 

Dicho esto, ya no podemos pensar que nuestros animales de compañía son un mero divertimento por rato, un juguete de usar y tirar que ni siente ni padece. Ellos sienten igual que nosotros.

 

Sin embargo, y para ser veraces y no “humanizar” demasiado a los animales, es de justicia decir que el sistema emocional de los perros, no es exactamente igual que el humano. Una de esas diferencias radica en que el los seres humanos tenemos la capacidad de planificar y de relativizar nuestras emociones y el resto de sucesos.

 

Sabemos que cuando algo malo nos ocurre, el tiempo lo irá distanciando de nuestra presencia y memoria. Sin embargo, los perros, por ejemplo, no tienen esa capacidad para pensar a largo plazo. Cuando sienten, lo hacen de manera absoluta. Cuando comen o disfrutan de la compañía del humano, están alegres por completo. Pero, cuando sufren también lo hacen de manera profunda. Al no poder anticipar cuándo terminará el estímulo que les provoca ese malestar, dolor o miedo, sienten estas emociones negativas de manera absoluta, lo cual hace que su ansiedad crezca por momentos.

 

Los que tenemos el placer de convivir con perros conocemos bien esta realidad. Ellos no entienden de peros, ni de quizás. No entienden de verdades a medias. Viven la realidad que se presenta ante ellos como la definitiva. Pero no solo lo hacen los perros que conviven con nosotros en nuestras casas. También lo hacen los perros abandonados que viven en perreras, y eso, por desgracia, también lo sabemos los tratamos con ellos. Su tristeza es absoluta.

 

 

 

                                                                                             Sonia Garijo

                                                                  Psicóloga y Colaboradora de A.R.P.A.

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